Archivo para 25/01/10

25
Ene
10

FALLADA

Cultural
HANS FALLADA (1893-1947)
Pequeño gran escritor
Virginia Martínez
EN OCTUBRE de 1945 Thomas Mann escribió un artículo titulado “Por qué no vuelvo a Alemania”. Decía que no quería regresar a un país donde la mayoría había callado, denunciado y sostenido las atrocidades del Tercer Reich. “Ustedes hicieron cultura bajo Goebbels”, acusó. Para él, todos los libros publicados en Alemania entre 1933 y 1945 olían a sangre y vergüenza y no merecían más destino que la pulpa de papel.
Hay, sin embargo, al menos un escritor del período que contradice el juicio de Mann: se llama Rudolf Ditzen y publicó con el seudónimo de Hans Fallada.
BUEN ESCRITOR MENOR. Poco antes de morir, e intentando explicar por qué los alemanes no habían resistido al nacionalsocialismo, Primo Levi apeló a una novela de Fallada, en su opinión la mejor que se ha escrito sobre la resistencia contra el nazismo. “Quien lee ese libro, comprende lo que era la Alemania de entonces”, afirmó.
Publicada un año antes de la muerte de Fallada, lamentablemente no traducida al español, Todos morimos solos o Solo en Berlín (1946) es considerada la obra maestra del novelista.
De la misma generación que Walter Benjamin y Bertolt Brecht, Fallada no tuvo que emigrar. Escribió y publicó en la Alemania de Hitler y hasta puso su talento al servicio de Goebbels. Cuando el Ejército Rojo entró en su país, buscó la protección del escritor Johannes R. Becher, notorio intelectual comunista que regresaba de su exilio en Moscú. En Alemania Oriental se lo tuvo por escritor modelo mientras que en la Occidental lo persiguió la acusación de tibio y oportunista, según las opiniones más blandas, y de haber capitulado ante el nazismo, según las más severas.
La crítica literaria nunca lo consideró entre los grandes de las letras alemanas y es posible que no lo sea, que se cuente en la muy poblada y honorable categoría de buen escritor menor. De sobrio realismo, con toques expresionistas, ingeniosa, pesimista, sórdida por momentos, su pluma retrata con el valor de un documento histórico el lado oscuro de la vida bajo la Gran Depresión. Sus personajes son la gente común -el pequeño hombre- de pobres ilusiones hechas a la medida de su mediocridad, aun de su mezquindad. Amenazados por el descalabro económico y la descomposición moral, los hombres y mujeres de Fallada transitan por la vida aferrados a lo poco que les queda para no despeñarse y caer en el inmenso ejército de desocupados del proletariado alemán.
Niño de mala suerte. Rudolf Ditzen nació en una familia acomodada. Su padre era un prestigioso abogado que hizo carrera en el Poder Judicial, admirador incondicional de Bismarck y del Estado.
Alumno mediocre, lector incansable e incapaz de adaptarse al rigor de la disciplina escolar, Rudolf vivía inventando enfermedades para faltar a clase. En sus escritos autobiográficos, convirtió las dificultades de la infancia en una manifiesta y tenaz mala fortuna: “Toda mi infancia y mi juventud estuve acosado por una excepcional mala suerte”.
A los 16 años tuvo un accidente que le cambió la vida. Mientras paseaba en bicicleta fue atropellado por un carro tirado por caballos. Los animales le pisotearon la cara y las ruedas le pasaron por arriba. Internado en un hospital, los médicos anunciaron que las lesiones eran tan graves que no dejaban lugar a la esperanza. Sin embargo se recuperó, aunque quedó con una ligera renguera e insoportables dolores de cabeza.
Tras el accidente, escribió unas furiosas “Reflexiones sobre la fe”: “Si eres Dios entonces ya sé qué clase de Dios eres. Déjame solo, no quiero estar a tu lado”.
Harry, el loco. Rudolf fue un adolescente atormentado y autodestructivo que pasó de la admiración al odio a los padres. Un día planeaba dedicarse a la literatura y al siguiente coqueteaba con la idea de la muerte. Por esa época empezó a hacerse llamar “Harry”, con la ilusión de que el nombre fundara su anhelada identidad de novelista.
En 1910, en una de las tantas depresiones que padecería a lo largo de su vida, pactó con un amigo un suicidio asistido. Después convenció al amigo de suicidarse juntos simulando un duelo.
El 17 de octubre de 1911 Hans Dietrich von Necker dejó una carta a su madre, diciéndole que “Harry” ejercía en él un embrujo que lo privaba de su voluntad. “Le di mi palabra de que lo seguiría en sus planes. (…) Por favor no te enojes conmigo. No voy voluntariamente a la muerte, yo era tan feliz…”.
Los muchachos se encontraron en un bosque. Se pintaron una cruz sobre el corazón y caminaron hasta la posición desde donde debían disparar. Hans Dietrich tenía un revólver y “Harry” un rifle. El primero era buen tirador mientras que el segundo nunca había manejado un arma. El disparo de Hans Dietrich atravesó el pulmón de “Harry”; el de “Harry” le partió el corazón a Hans Dietrich. Al ver caer al amigo, “Harry” corrió hacia él y, desesperado, usó contra sí las dos balas que quedaban en el revólver del muerto. Una vez más, desafiando los pronósticos médicos, sobrevivió a las heridas.
La pericia psiquiátrica concluyó que sus disturbios mentales lo eximían de responsabilidad penal. Tras el “accidente”, como siempre lo llamó el padre, lo internaron en una clínica psiquiátrica.
Trabajador rural. En la soledad del sanatorio Tannenfeld, el joven desamparado se hizo escritor. Al cabo de dos años de reclusión el director de la clínica estableció que estaba en condiciones de salir a trabajar. Lo recomendó a una familia católica, de trabajadores rurales. Años después Fallada escribió: “Todo ese tiempo -solo lo descubrí décadas más tarde- estuve aprendiendo, aprendiendo a convertirme en lo que iba a ser un día: un escritor. (…) Parado detrás de aquellas interminables filas de mujeres que pelaban remolachas y papas, escuchando la conversación de las muchachas (…) aprendí cómo hablaban, de qué hablaban, qué les preocupaba”.
En octubre de 1916 se mudó a Berlín -“mi único hogar aun si no nací allí”- donde trabajó como comerciante de papas. Ajeno a la bohemia berlinesa, no se codeaba con intelectuales ni artistas y todavía era un escritor inédito. Tenía, en cambio, dinero en el bolsillo que gastaba cada vez más en bebida y cocaína.
Le pidió a su padre ayuda para liberarse de la esclavitud del asalariado y dedicarse a terminar la novela que estaba escribiendo. Wilhem Ditzen puso tres condiciones: que dejara Berlín, que publicara con seudónimo y que el acuerdo tuviera la formalidad de un contrato.
Nace Fallada. Dispuesto a cumplir con el pacto, se mudó al campo y eligió el nombre con el que se lo conocería como escritor. Se inspiró en los hermanos Grimm: del personaje de Hans con suerte, tomó el nombre de pila, y del caballo que habla, el apellido.
Su primer trabajo fue El joven Goedeschal. Una novela sobre la pubertad (1920). La obra tenía mucho de autobiografía: los personajes, las circunstancias y hasta los nombres propios. Pero Fallada no pudo participar en el lanzamiento de su opera prima: había vuelto a la clínica para un tratamiento de desintoxicación.
Dos años después terminó Anton y Gerda, sobre la historia de un convencional joven de clase media que se enamora de una prostituta. En principio Anton intenta redimir a Gerda y llevarla a su mundo, pero finalmente ambos terminan viviendo del trabajo de la muchacha.
A mediados de los años veinte también se había convertido en adicto a la morfina, que sumaba a un desenfrenado alcoholismo. En junio de 1924 lo condenaron a seis meses de cárcel por vender la cosecha de su patrón en el mercado negro. Se presentó en la prisión borracho, pero bien dispuesto a pagar el delito. “Nunca en un sanatorio ni en una clínica psiquiátrica me trataron tan decentemente como aquí. (…) Este es un lugar maravilloso”, escribió en la primera entrada del “Diario de la cárcel”.
Dos años más tarde volvió a los tribunales, esta vez acusado de desfalco. Se hizo responsable de haber robado a este y aquel y de haber gastado el dinero en todo lo que podía ofrecer la noche berlinesa: vino, mujeres, música, drogas. Lo condenaron a dos años y medio de cárcel.
Compromiso con la virtud. Al salir de la prisión le escribió a su madre anunciándole que había dejado atrás el vicio y que solo tenía tres compromisos: con la literatura, la liga contra el alcohol y la socialdemocracia.
En 1928 conoció a Anna Issel, obrera joven y empeñosa como todas las mujeres de sus novelas. Anna era el prototipo del ama de casa, esposa y madre, sencilla y protectora. Tardó en contarle a los Dritzen que se había comprometido con una muchacha de clase baja.
Decidido a trabajar duro y a sacrificarse para llevar una vida normal, se empleó de vendedor de publicidad en un diario conservador y antisemita, y como plumífero en la Oficina de Turismo y Comercio de Neumünster. Cuando nació su primer hijo, le escribió a un amigo: “Me siento como si fuera un millonario”.
En 1930 publicó Campesinos, caciques y bombas, sobre una masacre de campesinos ocurrida en 1929. La novela, llevada a la televisión por Egon Monk en 1973, recibió el aplauso del Angriff de Goebbels, que la tildó de magistral, y de la Rote Fahne, de los comunistas, que la consideró un soberbio reportaje de la realidad. Fallada dejaba de ser una promesa para convertirse en autor reconocido.
Uno en seis millones. La consagración vino con Pequeño hombre ¿y ahora qué? (1932). La obra relata la peripecia de Hans Pinnenberg, un empleado de comercio que queda en la calle. Felizmente casado y padre de un bebé, el protagonista erra por el Jardín Zoológico junto a otros desocupados. En la monotonía de la cola del seguro de paro descubre el rostro de los que hasta hace poco se esmeraban en ser elegantes y que ahora perdieron el cuello almidonado, la corbata y el traje. Pinnenberg, el pequeño hombre, es uno en seis millones.
Esta vez la prensa comunista y la nacionalsocialista lo criticaron con dureza. “No me importa -le comentó a los padres- yo no quiero escribir libros político partidarios”. La novela, cuya tapa estuvo a cargo de Georg Grosz, fue un éxito. En pocos meses vendió 50.000 ejemplares y en 1933 se editó en Inglaterra. Europa film propuso llevarla al cine, con dirección de Berthold Viertel, música de Kurt Weill y escenografías de Caspar Neher, todos colaboradores de Bertolt Brecht. Los derechos de autor le permitieron comprar una hermosa casa de campo frente al lago Carwitz, cerca del pueblo de Feldberg, donde por fin tuvo un cuarto propio.
En mayo de 1933, el gobierno alemán dio a conocer la lista de escritores prohibidos: Fallada no estaba entre ellos. Poco después, rompió el carné de afiliado al Partido Socialdemócrata y se inscribió en la oficialista Unión de Escritores.
Paraíso imposible. En 1934 publicó Una vez fui presidiario que, como todas sus obras, tenía fuerte acento autobiográfico. Por consejo del editor agregó un prólogo que advertía que el grotesco e inhumano sistema de justicia narrado en la novela era cosa del pasado.
El mismo año dio a conocer Una vez tuvimos un hijo. El protagonista, hijo de padre alcohólico, emigra a la ciudad donde enfrenta la corrupción de la vida metropolitana. La novela no gustó a los críticos nazis, que la recomendaron para arder junto a las obras de Mann y Brecht.
Tras casi una década de abstinencia volvió en secreto a la bebida. Cada tanto, cada vez con mayor frecuencia, debía internarse por crisis nerviosas o depresión. Sin embargo nunca dejó de escribir y publicar, siempre con éxito.
Aunque en apariencia era un escritor satisfecho, a sus amigos confesaba que estaba pensando en dedicarse a la traducción y a la literatura infantil. En lo primero fracasó -nadie se interesó en sus traducciones de Jules Romain- ; en lo segundo se inició con Hoppelgoppel ¿Dónde estás? (1936). Tras un fugaz aplauso, el gobierno ordenó retirar el libro de las escuelas.
Decidido a emigrar, hizo contacto con editores extranjeros, cerró la casa y armó las valijas. A último momento, mientras Anna cargaba los bultos y acomodaba a los dos hijos en el auto, Fallada quiso echar una última mirada a los alrededores. Regresó trastornado. “No nos vamos”, le dijo a la mujer. “No puedo, como otros héroes, irme al extranjero y producir literatura allá. Estoy tan arraigado al norte de Alemania que soy incapaz siquiera de imaginar que escribiré algo que no sea sobre eso”, le escribió a un amigo de infancia.
Al servicio de Goebbels. Tras la publicación de Lobo entre lobos (1937) Goebbels anotó en su Diario: “es un gran libro. El tipo tiene talento”. Lo que más atrajo al ministro del Reich fue la manera en que Fallada retrataba la descomposición de la República de Weimar. Inmediatamente le hizo llegar una propuesta: que escribiera, para ser llevada al cine, la historia de una familia alemana entre 1919 y 1930. Fallada firmó un contrato con el Ministerio de Educación y Propaganda por el que se comprometía a someterla a la aprobación de las autoridades. El resultado fue Gustavo el férreo (1938). La obra narra la vida de los Hackendall, una familia compuesta por Gustavo, honesto y rústico hombre de pueblo, conductor de coches de punto (coches alquiler tirados por equinos), y sus cinco hijos.
Cuando Fallada entregó el texto, Goebbels exigió que la historia continuara hasta el ascenso del nazismo. Seis meses después el escritor concluía la novela, a gusto del ministro. Aun sin conocer los entretelones del asunto, el lector de Gustavo el férreo no puede dejar de sorprenderse por el tardío y abrupto cambio de roles de los protagonistas de la saga: Heinz, el hijo honesto y trabajador, termina enrolándose en el Partido Nacionalsocialista, mientras que Erich, a quien desde las primeras páginas se presentó como un vivillo amoral y delincuente, se une a los comunistas.
“¿Por qué yo debería hacer más que describir las cosas como son? ¿Soy un reformador? ¿Un maestro? No, solo soy un retratista”, se justificó. Finalmente el proyecto naufragó por la oposición de Alfred Rosenberg, el más recalcitrante de los racistas del nazismo, que detestaba a Fallada.
El bebedor. A fines de los años treinta su vida personal era un desastre. Empezaba a tomar vino desde que se levantaba, había vuelto a inyectarse morfina y a consumir psicofármacos, pero ni aquel ni estos lograban ayudarlo a vencer el insomnio que lo desquiciaba.
Harta del descaro de sus amoríos, tema predilecto de las murmuraciones del pueblo, Anna le pidió el divorcio. A Fallada no le pareció razón suficiente porque, como le dijo a un amigo, él siempre había tenido relaciones extramatrimoniales.
En enero de 1944 conoció a Ulla Losch, una atractiva viuda de 22 años, adicta como él, o más, a la morfina, con quien se casó un año después. En un confuso episodio -Fallada estaba borracho- le disparó a Anna. Lo internaron en una clínica, de donde salió a fin de año. Durante la internación dio forma a El bebedor, escrita en primera persona, sobre la decadencia de un alcohólico.
Bajo protección soviética. En abril de 1945, el Ejército Rojo entró en Feldberg. El alcalde de la ciudad se suicidó luego de matar a la mujer y a los hijos. La población, en cambio, se entregó sin resistencia. Poco después, el comandante soviético mandó llamar a Fallada y le pidió que asumiera la alcaldía hasta que se convocara a elecciones.
En Feldberg nadie lo quería. Le reprochaban las borracheras y que hubiera abandonado a su mujer por una jovencita que competía con él en mala reputación. El discurso que pronunció al asumir el cargo tampoco le sumó simpatías: “Los rusos vienen como amigos”, dijo ante los vecinos silenciosos y resentidos por el pillaje y la violación cometidos por los soldados soviéticos.
En agosto sufrió una crisis de nervios y terminó internado. Cuando le dieron el alta, Johannes Becher le ofreció asistencia y se lo llevó a Berlín. Y además le regaló el tema de su siguiente trabajo, basado en un caso real: la ejecución de un sencillo carpintero y de su mujer, un ama de casa como tantas, por distribuir propaganda contra el régimen. Hasta ahí los fríos datos del expediente que Becher había encontrado en la Gestapo. A partir de ellos y en cuatro semanas Fallada escribió Todos morimos solos, su mejor novela.
La obra está ambientada en un edificio de apartamentos. Como la pensión de Madame Vauqueur en Papá Goriot de Balzac, el inquilinato de la calle Jablonski alberga todo el paisaje humano berlinés: un estricto hombre de leyes, una vieja judía, un delincuente de poca monta, un nazi borracho y advenedizo y una pareja anodina formada por el viejo Otto Quangel y Anna, su mujer, los protagonistas.
Tras un telegrama que les anuncia la muerte del único hijo en el frente, Otto concibe un plan pequeño y sin mayores pretensiones. En su día libre, después del almuerzo, escribe con letra imperfecta, de obrero que no terminó la escuela, una o dos postales contra Hitler. Viste su mejor traje y sale a depositarlas en el buzón de los edificios de la ciudad.
La Gestapo se desespera: supone que detrás de esas simples esquelas hay una poderosa Orquesta Roja. Sobre un mapa de Berlín colocan banderillas, que deberían ayudarlos a descifrar la lógica del subversivo itinerario. Poco después Anna se une a Otto en la incursión del fin de semana. La simpleza y la modestia del plan son, durante un tiempo, el escudo protector del matrimonio. Hasta que la Gestapo cae sobre ellos.
En Todos morimos solos no se salva nadie: ni la judía, ni el nazi, ni el delincuente, ni el hombre de leyes. Tampoco los heroicos Quangel, que intentan sin éxito suicidarse con cianuro para escapar al patíbulo. Fallada murió poco después de la publicación de la obra, posiblemente de una sobredosis. Un año antes le había escrito a su tía paterna:”Estoy cansado de la vida. Mi sueño de convertirme en un gran artista fracasó. Soy un escritor como tantos. Quizá me interesé demasiado en el dinero y el éxito. No lo sé…”. Tras su muerte, Ulla perdió y malvendió sus papeles -manuscritos, cartas, borradores- que fueron recuperados por la ciudad de Feldberg recién en 1981. Su casa frente al lago Carwitz es hoy museo y archivo. El premio de Literatura de la ciudad de Neumünster lleva su nombre.
Fuentes:
MORE LIVES THAN ONE A BIOGRAPHY OF HANS FALLADA, de Jenny Williams, Londres, Paperback, 2000.
EN DIÁLOGO CON FERDINAND CAMON, de Primo Levi. Madrid, Anaya & Mario Muchnik, 1996.
SEUL DANS BERLIN, de Hans Fallada. Paris, Denoël, 2002.
GUSTAVO EL FÉRREO, de Hans Fallada. Barcelona, Janés, 1947.
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25
Ene
10

A MÍ ME HUELE A MIEDO… SI QUERÉS LLAMÁLE MOTIVO PERSONAL

Redacción Mundo – 25-01-10
Ramón Carrizález
“MOTIVOS PERSONALES”
Dimite el vicepresidente y ministro de Defensa de Venezuela
Ramón Carrizález, vicepresidente y ministro de Defensa de Venezuela, ha renunciado a su cargo, por motivos “estrictamente personales”, según han informado medios del país. Por las mismas causas también dimitió su mujer y ministra del Ambiente ¡Yuribí Ortega. Carrizález, considerado como uno de los hombres de confianza del presidente, Hugo Chávez, era vicepresidente desde el 2008 y titular de Defensa desde marzo de 2009.
Ramón Carrizález, vicepresidente y ministro de Defensa de Venezuela, ha renunciado a su cargo, por motivos “estrictamente personales”, según han informado medios del país. Por las mismas causas también dimitió su mujer y ministra del Ambiente Yuribí Ortega. Carrizález, considerado como uno de los hombres de confianza del presidente, Hugo Chávez, era vicepresidente desde el 2008 y titular de Defensa desde marzo de 2009.
Su marcha “no se produce por ninguna discrepancia en decisiones de Gobierno”, señaló en un comunicado.
Algunas fuentes señalan que el general Carlos Mata Figueroa, actual jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional, podría sustituir a Carrizález.
25
Ene
10

chávez tás ponCHAO

PROTESTAS EN VENEZUELA
Siguen las movilizaciones en contra y a favor de la suspensión del canal de televisión RCTVI
26.01.10 – 03:51 – EFE | CARACAS
El Gobierno de Chávez insiste en acusar a este canal privado, que emitía por cable, de negarse a acatar la ley vigente
Varias manifestacions de distinto signo se han repetido en tres ciudades del país, en medio de escaramuzas que han dejado al menos cuatro jóvenes heridos por perdigones y piedras
Miles de estudiantes se han manifestado en las calles de Venezuelas. / Ap
Los estudiantes venezolanos han proseguido con las protestas callejeras en contra y a favor de la salida del aire de RCTVI, que emitía por cable, mientras el Gobierno ha insistido en acusar a este canal privado de negarse a acatar la ley vigente.
Grupos de estudiantes opuestos al presidente venezolano, Hugo Chávez, se han manifestado en al menos tres ciudades del país en protesta por la suspensión de RCTVI, muy crítica del Gobierno, en medio de escaramuzas que han dejado al menos cuatro jóvenes heridos por perdigones y piedras, según fuentes estudiantiles. Por su parte, grupos de estudiantes oficialistas se reunieron ante la sede de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) para defender el corte de emisiones, a medianoche del sábado, tanto de Radio Caracas Televisión Internacional (RCTVI) como de otros cinco canales que emitían a través de sistemas de cable y satélite.
Esas cadenas privadas fueron excluidas “temporalmente” de la programación por las operadoras de cable por incumplir con la legislación local en materia audiovisual, según señala en un comunicado la Cámara Venezolana de Televisión por Suscripción (Cavetesu). La medida fue calificada el domingo de “otro zarpazo a la libertad de expresión” por la oposición venezolana.
En Caracas, el momento más tenso de la jornada de hoy se ha vivido al mediodía, cuando los grupos de estudiantes opositores y oficialistas se toparon en una céntrica avenida de la zona comercial de Las Mercedes, cerca de la Conatel, y la concentración tuvo que ser dispersada con gases lacrimógenos. En las escaramuzas se lanzaron algunas piedras y botellas que hirieron al menos a dos estudiantes, uno de cada bando, según ha podido constatar Efe en el lugar. Los manifestantes opositores indicaron que para evitar la violencia desistían del plan original de marchar hasta la sede de Conatel para entregar un “documento”, y se dirigieron a la sede del Ministerio de Obras Públicas, donde permanecían pasadas las 17.00 hora local (21.30 GMT) sin que se registrara incidente alguno.
A primera hora de hoy la policía también dispersó con gases lacrimógenos a otro grupo de estudiantes de la Universidad privada Monteávila que bloqueó parte de una autopista del norte caraqueño en apoyo a RCTVI. Mientras, en la ciudad oriental de Barcelona, a 319 kilómetros de Caracas, dos estudiantes de la Universidad privada Santa María fueron heridos por perdigones cuando la policía regional dispersó una protesta a favor de RCTVI, informó la cadena privada Globovisión.
Cierre de emisoras
RCTVI es la continuadora de Radio Caracas Televisión (RCTV) que se vio obligada a apagar su señal en abierto en mayo de 2007 al no serle renovada la concesión de frecuencia estatal por el Gobierno de Chávez, lo que generó entonces movimientos de protesta y críticas tanto en Venezuela como fuera del país. El canal transmitía por cable desde junio de 2007 y es una de las 24 emisoras por suscripción que el Gobierno clasificó el pasado jueves como “nacionales”, con más del 70% de su producción de origen venezolano o con personal y capital venezolano.
El ministro de Obras Públicas y Vivienda y director de la Conatel, Diosdado Cabello, insistía que RCTVI es el único entre los “105 canales de televisión nacionales” del país que se ha supuestamente negado a acatar la ley local, razón por la cual las operadoras por cable lo sacaron de su programación. Cabello explicaba que la cadena privada alega ser “internacional” para no ajustarse a la legislación que rige para los canales nacionales, y que les obliga, entre otras normas, a transmitir en directo las cadenas presidenciales. “En los últimos cuatro meses, el 94% de su producción ha sido nacional y solo el 6% internacional, con novelas que traen de Colombia y algunas películas. Si quieren llamarse “internacionales”, pueden hacerlo, pero tienen que cumplir la ley”, ha dicho el ministro y jefe de la Conatel.
Por su parte, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha mostrado su “viva preocupación” por la suspensión de RCTVI, al considerar que ese hecho “atenta contra el espíritu democrático” y forma parte de la “política de amedrentamiento que se ha extendido en Venezuela”. “El nuevo cierre de RCTV va en contra de las garantías reconocidas en la Constitución y no favorece el clima de libertad de información y opinión en Venezuela”, ha señalado el presidente de la CEV, Monseñor Ubaldo Santana, en rueda de prensa.
fuente:elcomerciodigital
25
Ene
10

¡Sigue pinchando, Cruelísimo aguijón!

Friedrich Nietzsche
Así habló Zaratustra

El mago

1Y cuando Zaratustra dio la vuelta a una roca vio no lejos debajo de sí, en el mismo camino, a un hombre que agitaba los miembros como un loco furioso y que, finalmente, cayó de bruces en tierra. «¡Alto!, dijo entonces Zaratustra a su corazón, ése de ahí tiene que ser sin duda el hombre superior, de él venía aquel perverso grito de socorro, – voy a ver si se le puede ayudar.» Mas cuando llegó corriendo al lugar donde el hombre yacía en el suelo encontró a un viejo tembloroso, con los ojos fijos, y aunque Zaratustra se esforzó mucho por levantarlo y ponerlo de nuevo en pie, fue inútil. El desgraciado no parecía ni siquiera advertir que alguien estuviese junto a él; antes bien, no hacía otra cosa que mirar a su alrededor, con gestos conmovedores, como quien ha sido abandonado por todo el mundo y dejado solo. Pero al fin, tras muchos temblores, convulsiones y contorsiones, comenzó a lamentarse de este modo 2:«Quién me calienta, quién me ama todavía? ¡Dadme manos ardientes! ¡Dadme braseros para el corazón! ¡Postrado en tierra, temblando de horror, Semejante a un mediomuerto, a quien la gente le calienta los pies – Agitado, ¡ayl, por fiebres desconocidas, Temblando ante las agudas, gélidas flechas del escalofrío, Acosado por ti, ¡pensamiento! ¡Innombrable! ¡Encubierto! ¡Espantoso! ¡Tú, cazador oculto detrás de nubes! Fulminado a tierra por ti, Ojo burlón que me miras desde lo oscuro: – Así yazgo, Me encorvo, me retuerzo, atormentado Por todas las eternas torturas, Herido Por ti, el más cruel de los cazadores, ¡Tú desconocido – Dios! 3 ¡Hiere más hondo, Hiere otra vez! ¡Taladra, rompe este corazón! ¿Por qué esta tortura Con flechas embotadas? ¿Por qué vuelves a mirar, No cansado del tormento del hombre, Con ojos crueles, como rayos divinos? ¿No quieres matar, Sólo torturar, torturar? ¿Para qué – torturarme a mí, Tú cruel, desconocido Dios? – ¡Ay, ay! ¿Te acercas a escondidas? ¿En esta medianoche Qué quieres? ¡Habla! Me acosas, me oprimes – ¡Ay! ¡ya demasiado cerca! ¡Fuera! ¡Fuera! Me oyes respirar, Escuchas mi corazón.
Auscultas mi corazón, Tú celoso – Pero ¿celoso de qué? ¡Fuera! ¡Fuera! ¿Para qué esa escala? ¿Quieres entrar dentro, en el corazón, Penetrar en mis más ocultos Pensamientos? ¡Desvergonzado! ¡Desconocido – ladrón! ¿Qué quieres robar? ¿Qué quieres escuchar? ¿Qué quieres arrancar con tormentos? ¡Tú atormentador! ¡Tú – Dios-verdugo! ¿O es que debo, como el perro, Arrastrarme delante de ti? ¿Sumiso, fuera de mí de entusiasmo, Menear la cola declarándote – mi amor? ¡En vano! ¡Sigue pinchando, Cruelísimo aguijón! No, No un perro – tu caza soy tan sólo, ¡Cruelísimo cazador! Tu más orgulloso prisionero, ¡Salteador oculto detrás de nubes! Habla por fin, ¿Qué quieres tú, salteador de caminos, de mí? ¡Tú oculto por el rayo! ¡Desconocido! Habla, ¿Qué quieres tú, desconocido Dios? – – ¿Cómo? ¿Dinero de rescate? ¿Cuánto dinero de rescate quieres? Pide mucho – ¡te lo aconseja mi segundo orgullo! ¡Ay, ay! ¿A mí – es a quien quieres? ¿A mí? ¿A mí – entero? ¡Ay, ay! ¿Y me torturas, necio, Atormentas mi orgullo? Dame amor – ¿quién me calienta todavía? ¿Quién me ama todavía? – dame manos ardientes, Dame braseros para el corazón, Dame a mí, al más solitario de todos, Al que el hielo, ay, un séptuplo hielo Enseña a desear Incluso enemigos, Enemigos, Dame, sí, entrégame, Cruelísimo enemigo, Dame – ¡a ti mismo! – – ¡Se fue! ¡Huyó también él, Mi último y único compañero, Mi gran enemigo, Mi desconocido, Mi Dios-verdugo! – – ¡No! ¡Vuelve Con todas tus torturas! ¡Oh, vuelve Al último de todos los solitarios! ¡Todos los arroyos de mis lágrimas Corren hacia ti! ¡Y la última llama de mi corazón – Para ti se alza ardiente! ¡Oh, vuelve, Mi desconocido Dios!¡Mi dolor!¡Mi última -felicidad!.
Mas aquí Zaratustra no pudo contenerse por más tiempo, tomó su bastón y golpeó con todas sus fuerzas al que se lamentaba. «¡Deténte!, le gritaba con risa llena de rabia, ¡deténte, comediante! ¡Falsario! ¡Mentiroso de raíz! ¡Yo te conozco bien! ¡Yo voy a calentarte las piernas, mago perverso, entiendo mucho de – calentar a gentes como tú!» – «¡Basta, dijo el viejo levantándose de un salto del suelo, no me golpees más, oh Zaratustra! ¡Esto yo lo hacía tan sólo porjuego! Tales cosas forman parte de mi arte; ¡al darte esta prueba he querido ponerte a prueba a ti mismo! Y, en verdad, ¡has adivinado bien mis intenciones! Pero también tú – me has dado una prueba no pequeña de ti: ¡eresduro, sabio Zaratustra! ¡Golpeas duramente con tus “verdades”, tu garrota me fuerza a decir – esta verdad!» – «No me adules, respondió Zaratustra, todavía irritado, con mirada sombría, ¡comediante de raíz! Tú eres falso: ¡qué hablas tú – de verdad! Tú pavo real de los pavos reales, tú mar de vanidad, ¿qué papel has representado delante de mí, mago perverso, en quién debía yo creer cuando te lamentabas de aquella manera? » «El penitente del espíritu,dijo el viejo, ese personaje es el que yo representaba: ¡tú mismo inventaste en otro tiempo 4 esa expresión – – el poeta y mago que acaba por volver su espíritu contra sí mismo, el transformado que se congela a causa de su malvada ciencia y de su malvada conciencia.
Y confiésalo: ¡mucho tiempo pasó, oh Zaratustra, hasta que descubriste mi arte y mi mentira! Tú creías en mi necesidad cuando me sostenías la cabeza con ambas manos, – – yo te oía lamentarte “¡lo han amado demasiado poco, demasiado poco!” De haberte yo engañado hasta tal punto, de eso se regocijaba íntimamente mi maldad.» «Es posible que hayas engañado a otros más sutiles que yo, dijo Zaratustra con dureza.
Yo no estoy en guardia contra los engañadores, yo tengo que estar sin cautela: así lo quiere mi suerte 5.

Pero tú – tienes que engañar: ¡hasta ese punto te conozco! ¡Tú tienes que tener siempre dos, tres, cuatro y cinco sentidos! ¡Tampoco eso que ahora has confesado ha sido ni bastante verdadero ni bastante falso para mí! Tú perverso falsario, ¡cómo podrías actuar de otro modo! Acicalarías incluso tu enfermedad si te mostrases desnudo a tu médico.
Y así acabas de acicalar ante mí tu mentira al decir: “¡esto yo lo hacía tan sólo por juego!” También había seriedaden ello, ¡tú eres en cierta medida un penitente del espíritu! Yo te comprendo bien: te has convertido en el encantador de todos, mas para ti no te queda ya ni una mentira ni una astucia, – ¡tú mismo estás para ti desencantado! Has cosechado la náusea como tu única verdad. Ninguna palabra es ya en ti auténtica, pero sí lo es tu boca, es decir: la náusea que está pegada a tu boca». – – «¡Quién crees que eres!, gritó en este momento el mago con voz altanera, ¿a quién le es lícito hablarme así a mí, que soy el más grande de los que hoy viven?» – y un rayo verde salió disparado de sus ojos contra Zaratustra. Pero inmediatamente después cambió de expresión y dijo con tristeza: «Oh Zaratustra, estoy cansado, siento náuseas de mis artes, yo no soy grande ¡por qué fingir! Pero tú sabes bien que – ¡yo he buscado la grandeza! Yo he querido representar el papel de un gran hombre, y persuadí a muchos de que lo era: mas esa mentira era superior a mis fuerzas. Contra ella me destrozo: Oh Zaratustra, todo es mentira en mí; mas que yo estoy destrozado – ¡ese estar yo destrozado es auténtico!» – «Te honra, dijo Zaratustra sombrío, bajando y desviando la mirada, te honra, pero también te traiciona, el haber buscado la grandeza. Tú no eres grande.
Viejo mago perverso, lo mejor y más honesto que tú tienes, lo que yo honro en ti, es esto, el que te hayas cansado de ti mismo y hayas dicho: “yo no soy grande”.
En esto yo te honro como a un penitente del espíritu: y si bien sólo fue por un momento, en ese único instante has sido – auténtico.
Mas dime, ¿qué buscas tú aquí en mis bosques y entre mis rocas? Y cuando te colocaste en mi camino, ¿qué prueba querías de mí? – – ¿en qué querías tentarme a mí?» – Así habló Zaratustra, y sus ojos centelleaban. El viejo mago calló un momento, luego dijo: «¿Te he tentado yo a ti? Yo – busco únicamente 6.

Oh Zaratustra, yo busco a uno que sea auténtico, justo, simple, sin equívocos, un hombre de toda honestidad, un vaso de sabiduría, un santo del conocimiento, ¡un gran hombre! ¿No lo sabes acaso, oh Zaratustra? Yo busco a Zaratustra. » – Y en este instante se hizo un prolongado silencio entre ambos; Zaratustra se abismó profundamente dentro de sí mismo, tanto que cerró los ojos. Mas luego, retornando a su interlocutor, tomó la mano del mago y dijo, lleno de gentileza y de malicia: «¡Bien! Por ahí sube el camino, allí está la caverna de Zaratustra. En ella te es lícito buscar a aquel que tú desearías encontrar. Y pide consejo a mis animales, a mi águila y a mi serpiente: ellos te ayudarán a buscar. Pero mi caverna es grande.
Yo mismo, ciertamente, – no he visto aún ningún gran hombre. Para lo que es grande el ojo de los más delicados es hoy grosero. Éste es el reino de la plebe.
A más de uno he encontrado ya que se estiraba y se hinchaba, y el pueblo gritaba: “¡Mirad, un gran hombre!” ¡Mas de qué sirven todos los fuelles del mundo! Al final lo que sale es viento.
Al final revienta la rana que se había hinchado durante demasiado tiempo: y lo que sale es viento. Pinchar el vientre de un hinchado es lo que yo llamo un buen entretenimiento.
¡Escuchad esto, muchachos! El día de hoy es de la plebe: ¡quién sabe ya qué es grande y qué es pequeño! ¡Quién buscaría con fortuna la grandeza! Un necio únicamente: los necios son afortunados.
¿Tú buscas grandes hombres, tú extraño necio? ¿Quién te ha enseñado eso? ¿Es hoy tiempo de eso? Oh tú, perverso buscador, ¿por qué – me tientas?» – – Así habló Zaratustra, con el corazón consolado, y siguió a pie su camino riendo. 7

notes
1   Otro título anotado por Nietzsche para este apartado era El penitente del espíritu.

2  El largo «lamento» del mago que viene a continuación fue compuesto por Nietzsche en el otoño de 1884 y llevaba entonces el título de El poeta. – El tormento del creador. En otra copia manus crita le puso estos dos títulos: De la séptima soledad, luego borrado, y El pensamiento. De hecho este poema no se hallaba destinado originalmente a Así habló Zaratustra, pero Nietzsche lo insertó en él al componer la cuarta parte. De la importancia que este poema tenía para Nietzsche da idea el hecho de que más tarde lo incorporase a los Ditirambos de Dioniso, bajo el título de Lamento de Ariadna. Allí lleva al final una «respuesta » de Dioniso, quien, tras un rayo, «se hace visible con una belleza de esmeralda». La citada respuesta dice así: ¡Sé inteligente, Ariadna!..
Tienes oídos pequeños, tienes mis oídos: ¡Introduce en ellos una palabra inteligente! – ¿No tenemos que odiarnos primero a nosotros mismos cuando debemos amarnos a nosotros mismos?..
Yo soy tu laberinto…

3 Ya en su juventud (en el otoño de 1864) había compuesto Nietzsche una poesía con el título Al dios desconocido. El «dios desconocido» alude al Dios encontrado por Pablo en el Areópago de Atenas (véase Hechos de los Apóstoles, 17, 23).

4  Véase, en la segunda parte, De los sublimes. 

5  Véase, en la segunda parte, De la cordura respecto a los hombres. 
6  Nietzsche juega en alemán con las palabras versuchen (tentar) y suchen (buscar), de idéntica raíz. 

7  Alusión a la conocida fábula narrada por Fedro.




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